domingo, julio 10, 2005

Religión


En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
Woody Allen.

miércoles, junio 15, 2005

Recuerdos


Prendo la televisión, por coincidencia, en un canal latino, y veo a un viejo cantando “Solamente una vez, amé en la vida” por cierto muy desentonado pero a la vez de forma desgarradora, y de fondo se veía el centro histórico, con ese color gris que lo caracteriza, que hace parecer que todas las paredes están sucias.
Recordé que no me gustaba ir, el caos vial, las manifestaciones, la explanada central llena de gente que vive allí, según ellos luchando por una causa, pero hay varios que la verdad no tienen idea de que están haciendo, ni saben cual es la causa que están apoyando. Luego recordé Catedral, sus campanas, que en algún aniversario de independencia las vi y oí repicar.
Recordé a mi México, como dicen “Lindo y querido” pero luego me di cuenta que no era el recuerdo de sus edificios, estatuas, monumentos, ni al tráfico interminable, ni a las tranzas, ni a su techo de nata.
Recordé a su gente, el calor, la sencillez, recordé al taquero con su sonrisa y sus albures, al vecino saludándome en la mañana mientras su perro orinaba en la parte de pasto que me tocaba por vivir en el departamento de abajo de un edificio.
En fin, recordé a mi gente, y sobre todo a mi familia, que es lo más importante para mí.
Y también recordé esta frase de Woody Allen “No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago”
Creo que ahora es el momento.

martes, junio 14, 2005

Religión



Lo mismo que un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres.


Mahatma Gandhi

viernes, junio 03, 2005

La Feria Mundial de las Religiones



Mi amigo y yo fuimos a la feria. LA FERIA MUNDIAL DE LAS RELIGIONES. No era una feria comercial. Era una feria de la religión. Pero la competencia era tan feroz y la propaganda igual de estruendosa.

En el -stand- judío nos dieron unos folletos en los que decía que Dios se compadecía de todos y que los judíos eran su pueblo escogido. Los judíos. Ningún otro pueblo era tan escogido como el pueblo judío.

En el -stand- musulmán supimos que Dios era misericordioso con todos y que Mahoma era su único profeta. Que la salvación se obtiene escuchando al único profeta de Dios.

En el -stand- cristiano descubrimos que Dios es Amor y que no hay salvación fuera de la iglesia. O se entra en la Iglesia, o se corre el peligro de la condenación eterna.

Al salir pregunté a mi amigo: <<¿Qué piensas de Dios?>>. ^Que es intolerante, fanático y cruel^, me respondió.

Cuando llegué a casa, le dije a Dios: ¿Cómo soportas estas cosas, Señor? ¿No ves que han estado usando mal tu nombre durante siglos?

Y me dijo Dios: ^Yo no he organizado la feria. Incluso me habría dado vergüenza visitarla^.

Anthony de Mello

miércoles, junio 01, 2005

El árbol



El árbol que nunca tuvo que luchar
por el sol, el cielo, el aire y la luz,
que siempre estuvo expuesto a la lluvia
y que siempre tuvo todo con facilidad,
nunca llega a ser rey del bosque
y vive y muere escuálido.
La buena madera no crece fácilmente:
Mientras más fuerte sea el viento, más fuerte es el árbol.
Douglas Malloch

domingo, mayo 29, 2005

La Boca llena de flores


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, repirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar
Rayuela

miércoles, abril 27, 2005

Ley contra el Cristianismo


Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra A Muerte Contra El Vicio: El Vicio Es El Cristianismo



ARTÍCULO PRIMERO: Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: el enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones se tiene presidio.

ARTÍCULO SEGUNDO: Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro contra los protestantes que contra los católicos, más duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser-cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filosofo.

ARTÍCULO TERCERO: El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En El se criarán serpientes venenosas.

ARTÍCULO CUARTO: La predicación de la castidad es una incitación publica a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de “impuro” es el autentico pecado contra el espíritu santo de la vida.

ARTÍCULO QUINTO: Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, - se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

ARTÍCULO SEXTO: A la historia “sagrada” se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras “Dios”, “redentor”, “santo”, se las empleará como insultos como divisas para los criminales.

ARTÍCULO SÉPTIMO: El resto se sigue de aquí.

El Anticristo

Friedrich Nietzsche

martes, abril 19, 2005

Habemus Papam!


Joseph Ratzinger

Benedicto XVI

lunes, abril 11, 2005

El Cocodrilo Rojo


Quise abrir la puerta de tu habitación con la naturalidad de hace veinte años; pero las bisagras herrumbrosas opusieron una resistencia que tuve que vencer apoyando el hombro: me extraño el chirrido, pero no pensé nada. Quería despertarte, subir la cortina veneciana y jalar el cobertor para que, defendiendo la fragilidad de tu sueño, atrajeras la sábana hasta cubrirte la boca llena de remilgos. Quería despertarte como cada mañana antes de irme a la escuela, antes de tomar el reglamentario vaso de leche, prender el primer cigarrillo y salir corriendo hacia la parada del camión con mi libreta de notas bajo el brazo, con aquella libreta en la que una vez me pintaste un cocodrilo rojo.
Abrí la puerta por completo. Tu cuarto estaba oscuro. Por entre los tablones que clausuraban la ventana se filtraba un rayo de luz. Tu cama estaba vacía y, aunque el olor a encierro lo explicaba todo, me quedé parado sin entender, sin explicarme aquellas ruinas, tallándome los ojos.
Al mirar por segunda vez, el polvo había desaparecido, la luz entraba fría, pero con una claridad suficiente para descubrir que los muebles no tenían ninguna semejanza con los de tu cuarto: estaban mis libros, mis diplomas, una silla amoldada a mi uso, una mesa: la mesa en la que desde hace años escribo. Sentí horror ante a esos objetos completamente familiares que usurpaban tu presencia, y sentí horror de mí, pues quien se asomaba en el cuarto no era ya el adolescente que acudía a despertar a su madre, sino un hombre con cara de turbación que abría la puerta de una biblioteca.
Una ráfaga de recuerdos me cruzó la mente y comprendí que habían pasado muchos años. Mi vida se interponía entre tú y yo como un río imposible de remontar, pues la biblioteca pertenece a una casa que ni siquiera llegaste a conocer y tu cuarto se quedó en ese departamento al que después de tu muerte no volví nunca. Retrocedí y cerré la puerta. Un deseo inconsciente, una antigua costumbre, un sueño no despejado todavía por el amanecer habían borrado la distancia y reunido esas riberas rotas del tiempo.
Era necesario aceptarlo, era fácil aceptarlo: se trataba de una muerte muy vieja. Bajé los ojos, vi que la luz se astillaba; solté el picaporte y, al buscar un cigarro en las bolsas del saco, encontré un objeto: era la pequeña libreta en la que dibujaste un cocodrilo rojo. Una descarga me sacudió y hasta creí oír tu voz del otro lado de la puerta.

Oscar de la Borbolla.

domingo, abril 03, 2005

Resquiescat in Pace



Karol Wojtyla
1920-2005

lunes, marzo 28, 2005

Páginas de mi diario


18 DE DICIEMBRE. Hoy hace una semana que comenzaron a llegar ángeles al jardín de mi casa, montones de ángeles, legiones enteras como las que aparecen en los retablos cristianos, como las que describen los obispos en sus homilías o Dante en su “Commedia”. Bajan batiendo sus alas, levantan remolinos de polvo y hojas secas y se posan sobre la jacaranda y en las ramas del pirul. No hablan, no se mueven, no parece importarles el cuchicheo de mis vecinos ni esa manera, casi hostil, con la que los observan; simplemente se recorren para hacer sitio a los nuevos ángeles que a cada tanto llegan y luego vuelven a permanecer quietos, ajenos e imperturbables. No son de gran tamaño: con las alas extendidas medirán a lo sumo medio metro y, de los pies a la cabeza, unos treinta centímetros. En siete días han colmado el jardín de mi casa: por la ventana de mi cuarto entra una luz azulosa, un resplandor del mismo tono que el de las plumas de estos ángeles.
Sé que este fenómeno es muy raro, que los ángeles, hasta donde las crónicas ilustran, jamás vienen a la Tierra y menos con el fin de pararse sobre los árboles como si fueran una pandilla de vagos sin oficio ni beneficio. Sin embargo, su presencia no es lo más extraño; a lo que en verdad no encuentro sentido, por más vueltas que le doy, es al hecho de que estén en el jardín, pues yo no tengo ningún jardín; es más, a lo que llamo ampulosamente “ mi casa” es un departamento ubicado en un segundo piso, adonde no existe otra vegetación más que una nochebuena un tanto marchita que sobrevive en su maceta desde el año pasado. Y tampoco es posible que de un modo alegórico hable de “mi jardín” refiriéndome a un solar con árboles que domine desde alguna ventana de mi casa, pues todas mis ventanas dan a un cubo de luz; más bien oscuro, por el que baja el sol de vez en cuando hasta la azotehuela cubierta de cemento, y allí ni por casualidad hay nada, a no ser por unos tanques de gas que envenenan constantemente el aire de mi departamento.
Sin embargo, allí están los ángeles llenando de parte a parte el jardín de mi casa: tanto el pirul como la jacaranda están cuajados de angelitos inmóviles.
20 DE DICIEMBRE. Por lo visto los ángeles ya no caben en el jardín, pues hoy encontré varios en el tubo de la cortina de baño. Estaban al alcance de mi mano y no pude reprimir el deseo de tocarlos: son blandos y fríos, manchan los dedos con una sustancia azul similar al talco y, al parecer, tienen las cosquillas en los mismos lugares que nosotros, pues estuve haciéndolos reír.
La franqueza de su intromisión me decidió a plantear el asunto a mi esposa: Oye, Beca, le dije, ¿No has notado que hay ángeles en el jardín? Ella volteó sorprendida y me preguntó: ¿En el jardín? Bueno, respondí, en el departamento…¡ah!, sí, ya me había dado cuenta, ayer aplasté uno al sentarme en el sofá; pero no le pasó nada. La naturalidad con que despachó el tema para recordarme que esa noche tendríamos invitados, más que desconcertarme, me contagió. Total, pensé, que tiene de particular que haya ángeles en el departamento: lo extraño en todo caso es que los haya en el jardín. La mañana transcurrió como de costumbre, salvo que al ir a ducharnos me dije: ángeles o no ángeles, estos intrusos tienen cara de pícaros, y los cubrí con una toalla mientras nos bañábamos.
Durante la cena yo estaba inquieto. Había ángeles por todos lados: en los huecos del librero, en los respaldos de las sillas, encima de los platos, pisando la nochebuena; sólo faltaban en la conversación y yo me referí a ellos: ¿Ya se dieron cuenta, dije a los invitados, la cantidad de ángeles que hay en la casa? ¿Y te lo parece?, comentó uno de ellos como poniendo en duda que fueran muchos y, luego de ver a uno y otro lado agregó: No creo que pasen de cien; parecen muchos, pero se debe a que el departamento es chico. Ante esa respuesta consideré prudentemente no insistir en que había más en el jardín, y la velada siguió sin que nadie se preocupara por los ángeles, ni siquiera cuando uno revoloteó sobre la mesa, pescó con ambas manos la botella de vino y se empinó lo que sobraba en un rincón de la cocina.
21 DE DICIEMBRE. Los ángeles me tienen vuelto loco: cometí la imprudencia de preguntarles qué hacían en mi casa y llevan más de seis horas cantando a coro sin parar. No entiendo lo que dicen: las frases musicales son armoniosas, no lo niego, pero a no ser la palabra “jardín”, lo demás me resulta inintelegible.
Están interfiriendo en mi vida: vencieron las ramas del pirul y de la jacaranda, han embarrado las paredes y los muebles del departamento con su polvo azul y, ahora, para colmo, no dejan de cantar. Llevo días sin poder concentrarme.
26 DE DICIEMBRE. No he podido escribir nada. No quiero cantar victoria, pero me da la impresión de que la plaga de los ángeles ha comenzado a disminuir.
28 DE DICIEMBRE. ¡Viva! Hoy no encontré ni un solo ángel en el departamento y eso que busqué hasta debajo de la cama.
31 DE DICIEMBRE. Extraño el jardín…

Oscar de la Borbolla.

viernes, marzo 18, 2005

Sinopsis



En estos días se recuerda la última cena de Jesús, con sus 12 discípulos; la traición de Judas, que entregó a Jesucristo para que fuera sentenciado y condenado a muerte; el vía crucis y la crucifixión.
El vía crucis es el camino de la cruz, el recorrido que hace Jesús coronado de espinas, cargando la pesada cruz donde será clavado, hacia la cima del Gólgota. En ese recorrido Jesús recibe azotes e insultos de la guardia romana y vive el inmenso dolor de su madre María.
El Viernes Santo se cumple el episodio más triste de la Semana Santa; la muerte de Jesús el Cristo.
El Sábado de Gloria se celebra la vuelta del espíritu del Cristo al reino de Dios.
El Domingo de Resurrección se alcanza el momento de mayor júbilo en este calendario:
Jesucristo vuelve desde la muerte.


Al llegar vieron que la piedra que servía de puerta del sepulcro había sido quitada. Entraron y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús, de tal manera que no sabían que pensar.
Pero, en ese momento, vieron a su lado dos hombres con ropas brillantes. Se asustaron mucho, y no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Ellos les dijeron: “¿ Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los pecadores y ser crucificado y resucitado al tercer día.”
Ellas entonces recordaron las palabras de Jesús.

Lucas 24: 2-8

martes, marzo 15, 2005

Verdaderos Monstruos



Hace muchos años, Howard Phillips Lovecraft nos enseño que los verdaderos monstruos carecen de forma, y que los más profundos abismos son justamente aquellos que no tienen fondo. No obstante, la moraleja de historias como la de Charles Dexter Ward y Los Perros de Tíndalos, expresa una sentencia irrevocable: basta con asomarse al abismo para convertirse en monstruo. O mejor todavía: para despertar al monstruo que, en secreto, siempre fuimos.

Virus.en.el.cibermonstruo.
Xavier Velasco.

domingo, marzo 13, 2005

A Dark Omen

Cualquiera que lucha contra los monstruos debería asegurarse que en el proceso él mismo no se convierta en un monstruo. Y cuando mira por un largo tiempo en el abismo, el abismo también lo mira a él.


Friedrich Nietzsche.

viernes, marzo 11, 2005

El Otro Yo



Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos en la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo, menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico y, debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero en seguida pensó que ahora si podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban:”Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable”.
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír, y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Mario Benedetti.